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"La Ropa Vintage como acto político" por: Mariana Gámez A.

Actualizado: 12 de jul de 2020


Por estos tiempos de pandemia, algo que nos ha dejado claro el planeta es que debemos cambiar la forma en la que nos relacionamos con el medio ambiente y con los recursos naturales. Esto va en gran medida para empresarios, para dirigentes y líderes de cada país que tienen el deber de realizar estos cambios en sus grandes escenarios e industrias, pero sin duda también es una invitación personalizada para cada ser humano. Quien desde su estilo de vida puede hacer adaptaciones para mejorar precisamente esa relación de la que hablamos.


La moda es un sector que se ve grandemente involucrado en el asunto de contaminación, siendo la segunda industria que más afecta el medio ambiente. Las toneladas de desperdicio y desechos que genera, los litros y litros de agua que se utilizan para los diferentes procesos de las prendas y la explotación inhumana de operarios que trabajan sin descanso para cumplir los demandantes ritmos de ciertas marcas, son un monstruo llamado Fast Fashion que hoy por hoy tienen a la moda en este vergonzoso pódium de contaminación.


En consecuencia es que se ha vuelto trascendental empezar el cambio desde el consumidor y exigir como clientes algo diferente a las marcas, exigirle al mercado que vire su propósito a la sostenibilidad. Un consumidor responsable hoy en día, evita comprar en marcas que funcionen con modelo de negocio de pronta moda, evita comprar pieles exóticas o algunos, pieles o cuero en lo absoluto, evita descartar como desecho prendas sin antes haberlas renovado o cedido a alguien más y por supuesto, encuentra en la ropa Vintage una opción para alargar la vida de prendas que habían cumplido su ciclo con otra persona.

Es de esta manera que usar ropa Vintage se convierte en un acto político, donde somos conscientes que es una adquisición más sostenible que comprar una prenda nueva y en adicional tenemos el encanto y la nostalgia de las estéticas de décadas pasadas. Es en definitiva una actitud ecológica y una actitud de estilo, que hace una declaración frente al mercado extractivista y sobreproductor. No por nada cadenas como Forever 21, Topshop y el grupo IINDITEX han tenido que cerrar tiendas donde las ventas no iban bien incluso antes de la pandemia.


Y es que, como consumidores tenemos ese poder, tenemos el poder de decirle al mercado lo que queremos y lo que necesitamos para cambiarlo, entonces preferir marcas locales con procesos menos invasivos, marcas que dominan técnicas sostenibles, marcas con calendarios y temporadas más lentas y por su puesto ropa usada, ropa heredada o ropa vintage es una actitud de cambio, una actitud de respeto por los recursos naturales, un acto político que cada persona puede asumir para mejorar la relación con el planeta.



Mariana Gámez Arango

Instagram: @margo_styling

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